Cinco jóvenes científicas españolas que salvarán vidas

20MINUTOS

  • Jóvenes especializadas en malaria, nanomateriales, envejecimiento celular, alergias o la microbiota intestinal reciben las becas L’Oréal-Unesco-Mujeres en la Ciencia.
  • Las científicas dispondrán de 15.000 euros para invertir en sus proyectos en 2017.

Las cinco científicas premiadas con la beca L´Oréal-Unesco

Las cinco supieron desde muy pequeñas que terminarían siendo científicas. A una le inoculó el gusanillo de la química su profesor de instituto, otra creció con sus padres, ambos biofísicos, en una ciudad-laboratorio, la tercera decidió con 14 años que de mayor sería médica. A la cuarta le regalaron un microscopio de juguete que bien le podría haber servido también a la quinta, a la que de pequeña le gustaba diseccionar los cangrejos y mejillones de las paellas de su madre.

Estas cinco jóvenes científicas, Jaione Valle, Azuzena Bardají, Vanesa Esteban, Anna Shnyrova y Anna Laromaine (de izq. a dcha en la foto) han sido las afortunadas ganadoras de la beca de investigación L’Oréal-Unesco Mujeres en Ciencia en su edición de 2016. Recibirán 15.000 euros cada una para generar desarrollos útiles que puedan mejorar la vida de las personas, dentro de sus respectivas especialidades.

Los campos en los que trabajan estas mujeres científicas en sus respectivos laboratorios en España son la malaria, los nanomateriales en aplicaciones de alimentación o cosmética, el envejecimiento celular, las alergias y la microbiota intestinal. 

Jaione Valle: “El principal reto al que nos enfrentamos es la conciliación entre la investigación y la vida personal”

Iba para arqueóloga, luego para veterinaria pero finalmente se decantó por la biología. “De pequeña me regalaron un microscopio de juguete con el que me dedicaba a observar todo tipo de muestras y, por supuesto me acuerdo de un juego para hacer experimientos con un montón de tubos de vídrio”, recuerda la científica navarra (1977) recién galardonada con la beca Mujeres en Ciencia.

Treinta años después, Valle trabaja en un centro de investigación biomédica, donde trata de proporcionar evidencias sobre la conexión que existe entre la flora intestinal y ciertas enfermedades, como la fibrosis quística o las infecciones urinarias crónicas.

Como bióloga, entre sus principales logros destaca el de haber participado en la identificación del primer miembro de una nueva familia de proteínas denominadas Bap. Sobre su día a día, esta científica asegura que el principal reto al que se enfrenta como mujer “es la conciliación entre la investigación y la vida personal, dos facetas que exigen mucho esfuerzo y dedicación”.

Azuzena Bardají: “La ciencia y la investigación poseen una gran belleza gracias al potencial transformador”

En plena adolescencia, con catorce años, decidió que ella iba a ser médica. Así que en cuanto pudo se matriculó en la Facultad de Medicina de su ciudad, Zaragoza. Pero no fue hasta que viajó a la selva ecuatoriana de Esmeraldas que afianzó su voación. Allí, de voluntaria en un dispensario en un área muy deprimida y sin servicios básicos “decidí que me dedicaría profesionalmente a trabajar por mejorar la salud de los países con la mayor brecha de inequidad”, cuenta Bardají.

Esta científica es profesora de investigación asistente en el ISGlobal de Barcelona, donde trata de entender la carga de enfermedades prevenibles mediante la inmunización materna (tos ferina, por ejemplo). Tras su doctorado en Barcelona y master en Londres de epidemiología consiguió una oferta de trabajo del doctor Pedro Alonso, actual responsable de la lucha contra la malaria de la OMS, para trabajar tres años en Mozambique. “No me lo pené ni un segundo. Mi sueño se había cumplido. Fu e una revelación descubrir que podía trabajar por la mejora de las poblaciones más vulnerables con la investigación”.

Madre de tres niños, su sueño es una nueva vacuna en mujeres embarazadas africanas para la reducción de la mortalidad infantil que se convierta en política de salud en la región. Al recibir este galardón, asegura que “la  ciencia y la investigación poseen una gran belleza gracias al potencial transformador que tienen de mejorar la vida de las personas”.

Vanesa Esteban: “No doy crédito a que ciertos premios de investigación se otorguen exclusivamente a hombre sdesde hace años”

Su objetivo es prevenir las reacciones alérgicas del uso de la adrenalina, que comprende un gran riesgo tanto para pacientes como para los familiares, explica Vanesa Esteban sobre su proyecto, por el que ha recibido la bolsa de investigación. Esta apasionada de las ciencias naturales y las matemáticas desde pequeña, cuando diseccionaba cangrejos de la paella, es bióloga molecular por la Universidad Autónoma de Madrid y ha logrado qeu su producción científica haya sido citada más de 2.150 veces.

Para Esteban es muy importante que se reconozca el trabajo de los científicos porque es de la opinión de que la sociedad no sabe, en una gran mayoría, qué es un laboratorio de investigación. Después de un doctorado ‘cum laude’, ejerció en Copenhague (Dinamarca), donde desarrolló un innovador estudio de las reacciones alérgicas observadas desde el compartimento vascular. Con la beca dice que pretende adquirir un microscopio para visualizar las células en el cuarto de cultivos e ir al congreso anual europeo de alergia. Allí conseguirá visibilizar su hallazgos.

Esta bióloga cree que algo está cambiando en el mundo con respecto a la valoración del trabajo de las mujeres científicas, pero todavía “no doy crédito a que ciertos premios de investigación se otorguen exclusivamente a hombres desde hace años. Éste es uno de los retos a los que la mujer científica se enfrenta”, define.

Anna Shnyrova: “La investigación científica es una forma de vida y no una profesión”

Hasta los 12 años vivió en una “ciudad científica” a cien kilómetros de Moscú con sus padres, ambos biofísicos. “Todos nuestros amigos eran científicos y mis vacaciones de verano transcurrían en bases científicas alrededor de la URSS”, rememora. Con 8 ó 9 años, Anna ya comenzó a ayudar a su padre a analizar curvas calorimétricas, mientras soñaba con ser bailarina.

Licenciada por la Universidad de Salamanca, es uno de los principales miembros de equipos de investigación internacionales de laboratorios de biomédica. en 2013 fue reconocida con el Premio al Joven Investigador de la Sociedad Biofísica Española. Ha publicado en revistas como Science o Nature.

“La biofísica es apasionante porque nos permite poner un poco de orden en el desorden de la vida“, dice esta científica que aspira a “entender mejor la naturaleza”. Sus investigaciones actuales aspira a desarrollar una técnica in vitro para controlar procesos como el Alzheimer o el envejecimiento celular. Casada con un científico y madre de dos hijos, para ella “la investigación científica es una forma de vida y no una profesión” y lo compara con “una enfermedad crónica que no se cura”.

Anna Laromaine: “Fui la primera de mi familia con estudios universitarios”

El gusanillo de la ciencia se lo metió un profesor de bachillerato que le transmitió toda la pasión por la ciencia y la química. “Él se divertía mucho explicándonos la asignatura y, como a mí se me daba bien, me quise divertir como él”, recuerda Laromaine (Girona, 1978). Y cogió carrerilla… Se licenció en Químicas, se doctoró con ‘summa cum laude’ y realizó seis años de estancias postodoctorales en centros internacionales de prestigio como Harvard o MIT.

Es el logro conseguido por una científica fascinada por Egipto, que quiso ser profesora de pequeña. “Recuerdo que le explicaba a mis padres y a mi hermano por la noche lo que me habían contado los profesores en el colegio”. El apoyo de su familia fue precisamente lo que le permitió entrar en la Universidad. “Fui la primera de mi familia con estudios universitarios gracias al apoyo de mis padres”.

El presente de Laromaine está en Barcelona, donde combina el estudio de la ciencia de los materiales, química y biología para el diseño de nanomateriales con el objetivo de comercializarlos para aplicaciones médicas y cosméticas. Está centrada en investigar sobre las causas del envejecimiento, de la muerte celular o incluso de la estructura del genoma. Además de su trabajo de laboratorio consiguió su sueño también de ser profesora e imparte clases en el Master de Nanotecnología de la Autónoma de Barcelona.

Para ella, despertar el interés por la ciencia en los niños en fundamental, sin reducirla a ecuaciones o fórmulas, sino hablando de su aplicación práctica. “Hay tres aspectos que no pueden faltar: pasión, diversión y experimentación, consiguiendo que a los niños se les ilumine la cara, realizando actividades divertidas y creando retos”, desgrana sobre su fórmula mágica.

Source: 20′ Ciencia

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