¿Existe la fidelidad en la pareja para siempre?

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Los topillos de la pradera

¿Por qué hay parejas que llevan juntas 30 años y se han mantenido fieles sin fisuras y, sin embargo, a otras les resulta imposible enlazar unos pocos meses en común?

Los topillos de la pradera (Microtus ochrogaster) son pequeños roedores que suelen ser objeto de numerosos estudios por su similitud de comportamiento en sociedad, en pareja y con sus descendientes con respecto a los humanos. Por ejemplo, entre el macho y la hembra cuidan a sus crías, en un modelo de parentalidad compartida poco habitual entre las especies animales.

A pesar de ser muy sociables y de vivir en comunidad, los topillos de la pradera son de los pocos mamíferos monógamos. Así, están con la misma pareja durante toda la vida y en el caso de las hembras, si su compañero muere o desaparece, no buscan a otro.

Observando las interacciones afectivas entre los topillos de la pradera, investigadores de la Universidad estadounidense de Enory han descrito la actividad neuronal concreta que se produce cuando se establece la conexión emocional con una pareja y que, tangencialmente, activaría los centros cerebrales de recompensa.

Para llevarlo a cabo, los científicos observaron durante seis horas la actividad cerebral de los topillos en un ritual de socialización en el que entraban en contacto machos y hembras.

Durante el estudio se analizó lo que sucedía tanto en los centros de recompensa del cerebro (núcleo accumbens) como en la corteza prefrontal (un área de donde parten las decisiones no racionales), utilizando la optogenética, una técnica que se sirve de la luz para computar la actividad cerebral.

Los resultados de la investigación arrojaron que mientras los topillos estaban estableciendo el vínculo emocional había una oscilación rítmica de neuronas dentro del núcleo accumbens mediada por la corteza prefrontal. A más intensidad de conexión funcional, más rápidamente se unían los topillos.

En cada topillo se pudo comprobar una intensidad diferente, aunque las hembras mostraron un comportamiento común. Así, al día siguiente, cuando pudieron elegir entre distintas parejas de machos, manifestaron una preferencia clara por aquellos con los que habían establecido conexión emocional la jornada previa.

Cuestión de amor y de hormonas

Hasta el momento se sabía que tanto la oxitocina (denominada la hormona del amor) como la dopamina (neurotransmisor que regula el placer) influían sobre el cerebro para hacer que percibamos al otro de una manera distinta a como lo haríamos si no tuviésemos conexión afectiva con él.

Sin embargo, esta es la primera vez en que se describen los mecanismos concretos de la actividad cerebral en ese momento.

Más allá del amor, para los autores del estudio sus hallazgos pueden aplicarse al ámbito humano para promover una mejor comunicación neuronal. El objetivo sería enriquecer aspectos como la comunicación social en personas con dificultades como los trastornos del espectro autista.

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Source: 20′ Ciencia

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