Olvidar para tomar mejores decisiones

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Retener información

¿Cuántos datos, imágenes, conversaciones, lugares, libros, películas… puede conservar nuestra memoria? ¿Cuál es la capacidad de almacenamiento máximo de nuestro cerebro? ¿Es deseable recordarlo todo o, por el contrario, es una suerte olvidar determinadas cosas?

Hasta el momento, la neurociencia interpretaba los olvidos como un fracaso de la función del cerebro encargada tanto de almacenar como de recuperar esa información posteriormente.

Pero puede que no todo esté dicho. Porque un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Toronto (Canadá) destaca, en un giro teórico, que la función principal de la memoria no sería mantener información precisa a lo largo del tiempo sino conservar únicamente aquellos datos valiosos que ayudasen a la persona a tomar decisiones más inteligentes.

Así, para poder elegir bien sería necesario que el cerebro olvidase toda aquella información irrelevante que no le va a reportar ningún beneficio en su día a día, para centrarse en lo que sí le va a ayudar a decidir en el mundo real.

El cerebro actuaría con la memoria de manera muy parecida a lo que se conoce en inteligencia artificial como “regularización”. Este proceso permite crear modelos informáticos simples para hacer categorizaciones amplias, gracias a la priorización de información básica que desestima detalles más concretos.

Cuando olvidamos nos deshacemos de datos obsoletos que ya no nos resultarán útiles y que, por el contrario, nos confundirían en nuestro nuevo escenario vital.

Además, el olvido permite el proceso de generalización tan necesario para extrapolar situaciones pasadas a otras presentes. De otra forma, si no nos encontrásemos ante escenarios idénticos no seríamos capaces de actuar y nos sentiríamos paralizados buscando circunstancias exactas para manejarnos a diario.

Al margen del procedimiento de toma de decisiones, otras investigaciones han puesto de manifiesto cómo la memoria necesita tanto del olvido como del recuerdo para poder realizar su función básica. De hecho, se han encontrado diversos mecanismos cerebrales que potencian y promueven la pérdida de memoria.

Uno de ellos es la creación de nuevas neuronas, lo que explicaría por qué los niños olvidan con tanta facilidad la información novedosa que les llega. Es en la infancia cuando el hipocampo produce sin descanso nuevas neuronas que generan conexiones cerebrales donde los datos se escriben y sobreescriben continuamente.

Otro de los mecanismos cerebrales para favorecer el olvido consiste en debilitar, o incluso eliminar, las conexiones sinápticas neuronales donde se almacenan los recuerdos.

Según los investigadores, al margen de lo que dispone nuestro cerebro, para cada persona los recuerdos tienen un valor distinto en función de lo consistentes que sean y la posibilidad de que esas vivencias se experimenten de nuevo.

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Source: 20′ Ciencia

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